—Tío, ¿por qué tus ojos se parecen a los míos?
Aquella pregunta inocente salió de los labios de Leo, clara y ligera. El niño, vestido con su uniforme azul y blanco, permanecía erguido mientras alzaba la mirada hacia el alto hombre frente a él, con una curiosidad inmensa.
Dominic Moretti sintió que todo su cuerpo se congelaba. La brisa fresca de la tarde que soplaba en el patio de la escuela no logró aliviar el calor repentino que estalló en su pecho. Se agachó, bajando su imponente estatura has