No Entré al Quirófano y Sobreviví
No Entré al Quirófano y Sobreviví
Por: Alma Martínez
Capítulo 1
Llevaba casi diez años trabajando como médica de urgencias. Siempre había puesto la vida de mis pacientes por encima de la mía.

Por eso, cuando recibí la llamada, casi no lo dudé. Di media vuelta de inmediato y regresé.

Pero justo cuando estaba a punto de llegar a la entrada del edificio de Urgencias, una serie de mensajes flotantes apareció de la nada ante mis ojos.

Me quedé helada.

Sacudí la cabeza con fuerza y me froté los ojos, pensando que quizá tantas guardias nocturnas ya me estaban pasando factura.

Pero los mensajes seguían desfilando frente a mí.

[Se acabó. Apenas pongas un pie en el quirófano, van a declarar muerto al paciente.]

[Solo están esperando que entres para convertirte en chivo expiatorio.]

[Cuando llegue el momento, todo el equipo quirúrgico va a proteger a la hija del director, Lourdes Sandoval, y van a decir que el paciente murió por una negligencia tuya durante la cirugía.]

[¡Tienes que tener mucho cuidado!]

Abrí la boca, atónita.

Lourdes había sido mi compañera de cuarto durante toda la carrera, y yo la quería de verdad, como a mi mejor amiga. ¿Por qué querría hacerme cargar con la culpa?

Un sinfín de preguntas me daban vueltas en la cabeza, y por un momento no supe qué hacer.

Justo entonces, escuché a unos transeúntes hablando del accidente que había ocurrido en el cruce junto al río.

—Hace rato un Bentley se salió del camino y cayó al río. ¿Lo vieron?

—Al conductor lo estabilizaron rápido y ya lo están preparando para llevarlo al quirófano. Por cómo estaba todo, seguro es alguien importante.

En ese momento, mi celular volvió a vibrar dos veces.

Era un mensaje de Lourdes.

—Silvia, ¿por dónde vas? ¡Apúrate! Ya está todo listo para la cirugía de urgencia. Nada más faltas tú para que entremos al quirófano. Te estoy esperando en la puerta.

Al ver ese mensaje tan urgente, sentí que la sangre se me congelaba.

¿De verdad podía existir una coincidencia así? Justo un paciente de una familia influyente. Justo Lourdes insistiendo en que entrara al quirófano cuanto antes.

Cuando me calmé y lo pensé con cuidado, en teoría solo era un caso urgente más.

En el hospital había personal de guardia. ¿Qué razón había para que tuviera que ser yo, una médica que acababa de terminar el turno nocturno, quien regresara a participar en una cirugía de urgencia?

Visto así, lo que decían los mensajes parecía muy creíble.

En cuanto entrara al quirófano, iba a caer directo en la trampa.

Me echarían por completo la culpa de la muerte del paciente. Y con todos mis compañeros declarando en mi contra, no habría forma de probar mi inocencia.

No me atreví a seguir pensando. Mientras más lo hacía, más se me erizaba la piel.

Ante la insistencia de Lourdes, no respondí de inmediato.

Ya habían pasado casi diez minutos desde que recibí el aviso.

Entonces tomé una decisión.

Si los mensajes decían que me iban a tender una trampa, entonces iba a jugármelo todo a una sola carta.

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