Esta era mi noche y nadie ni nada me la iban a arruinar. Pasé seis horas en el salón de belleza e hice un cambio radical con mi cabello. No solo me lo corté hasta la altura del mentón, tipo Cleopatra, sino que me hice unas mechas californianas fucsia en las puntas que, con el color negro de mi pelo y mi piel tan blanca, resaltaban hasta brillar por sí solas.
Escogí una falda corta, negra y prensada, con tirantes también negros sobre una camisa blanca de mangas cortas, medias de lana, también b