Pasé toda la noche en absoluta vela. Ni siquiera podía haber dicho que dormí media hora o 15 minutos, porque no pude hacerlo.
Me quedé sentada en el borde de la cama hasta más de medianoche. Ni siquiera tuve el valor para ir a despedir a mis hijos y darles las buenas noches. Tuvo que hacerlo el abuelo, mientras yo me sentaba en la esquina de la cama, observando por la ventana la ciudad que comenzaba a dormir lentamente.
Había sido tan estúpida todo el tiempo. Cada cosa que había hecho en mi vid