Raúl se quedó completamente paralizado frente a la camilla. La mujer que estaba ahí acostada, pálida, ojerosa, lo miró con los ojos abiertos, con una extraña mezcla de emociones.
Aquel rostro demacrado lo hizo detenerse, aludiendo recuerdos a su cabeza; la mayoría no eran buenos recuerdos.
Trató de dar un paso atrás, pero se sentía tan paralizado, tan estático en el lugar, que no pudo hacer más que abrir la boca y tratar de pronunciar una palabra.
— Mamá — dijo nuevamente. La mujer se irguió e