El señor Braulio cerró la puerta del despacho. Me miró detenidamente y se cruzó de brazos.
—Primero, gracias por salvar a mi hija de una violación.
—No fue nada.
—¿Cómo supiste dónde estaba? Y ¿Qué haces en Estados Unidos?
—Jonathan me dijo dónde estaba. Se averiguó todo con Emilio y me lo envió. Al escuchar que su hijo dijo que no le gustaba uno de sus compañeros… Decidí ir a mirarla desde lejos. Pero escuché como el que iba a violarla planeaba todo y por ello intervine.
—Gracias, muchacho.
—R