Llegamos al aeropuerto, su abogado lo esperaba con dos tiquetes, el mío y el de él. Yo regresaba a los Ángeles.
—Buenos días. —Nos saludó—. Emily ya debes ingresar a la sala de embarque, debes estar en diez minutos. Dame tus maletas para entregarlas. —Tomé el tiquete—. Luego estaré tomando un café en ese lugar. —miró a Iskander.
Cuando nos dejó solos, me aferré a su cintura. Ahora quién sabe hasta cuando nos volveremos a ver. Y espero en verdad algún día darle rienda suelta a un largo noviazgo