Habíamos llegado a Bogotá. Esperábamos en la sala de espera a que saliera el avión con destino a España y de ahí hacíamos otro trasbordo para llegar a Turquía. No he dejado de mirar las fotos que tengo con ella, la que más me gustan son cuando he captado su vulnerabilidad, cuando capturé su nostalgia. Una en la piedra de El Peñol y varias cuando veía llover en la finca de sus abuelos.
—Todo estará bien hijo.
—Lo sé abuela.
—Son muy jóvenes. Y recuerda que en la vida nada es casualidad. Todo t