Mi corazón latía cada vez que Iskander me besaba. La cena estuvo deliciosa, en un restaurante fino en la ciudad. Erika había escrito; hoy era la fiesta de una amiga de ella y me invitó. Pero decliné dicha reunión. Por nada del mundo me perdería el quedarme con «Mi, no es nada».
Actuábamos como novios, sin embargo, tenía claro que no lo éramos. De serlo solo duraría cuatro semanas más. Sin embargo, su manera de mirarme era cautivante, misteriosa y cautivadora. Nos habíamos quedado un buen rato e