Alayna
El aire frío de la habitación fue lo primero que noté al despertar. Pero no era eso lo que me había sacado del sueño. Mi pecho estaba pesado, como si algo invisible estuviera aplastándolo, robándome el aire. Jadeé, intentando llenar mis pulmones, pero cada respiración era un esfuerzo colosal.
Me llevé las manos al pecho, cerrando los ojos mientras trataba de calmarme. El dolor en mis huesos comenzó poco después, una punzada intensa en mis piernas que me hizo doblarlas instintivamente.