Mundo de ficçãoIniciar sessãoEthan Graham Taylor lo tenía todo, hasta que la traición de su mejor amigo y su prometida lo llevó al borde de la destrucción. Incapaz de enfrentar el dolor, abandonó su vida y desapareció, dejando atrás cualquier fe en el compromiso o la Navidad. Dos años después, Ethan regresa como un hombre irreconocible: frío, solitario y más duro que nunca. Pero la vida que una vez dejó atrás no ha sido la misma sin él, especialmente para Alayna Rivers, su antigua asistente, quien siempre lo amó en silencio. Ahora, enfrentando una enfermedad terminal, Alayna solo tiene un deseo para su última Navidad: pasarla con Ethan. Cuando él le insiste en que regrese como su asistente, ella lo reta a comprometerse a algo más grande: a compartir una Navidad juntos. Al principio, Ethan se niega, pero pronto comprende que no puede dejarla ir de nuevo. Para demostrarle que cumplirá, acepta un contrato redactado por ella misma, un acuerdo que lo obligará a enfrentar no solo el espíritu navideño que tanto desprecia, sino también los sentimientos que siempre ha reprimido. En medio de luces navideñas, secretos dolorosos y recuerdos compartidos, Ethan y Alayna descubrirán que, a veces, el verdadero milagro de la Navidad no está en el tiempo que nos queda, sino en las segundas oportunidades que decidimos abrazar.
Ler maisMorí el 17 de abril del 2031.Sí, morí, pero también viví. No sé cómo empezar a describir los últimos años de mi vida, no basta con decir que fueron buenos años, porque, en parte, eso podría ser mentira. Es decir, no todos fueron buenos, no, no me atrevo a mentir. Cada día fue una batalla, una mezcla de amor, dolor, miedo y esperanza. Y aunque ahora estoy escribiendo estas palabras desde un lugar donde ya no siento el peso de la enfermedad, mi corazón aún late con cada recuerdo de lo que dejé atrás. Recuerdo cuando todo parecía perdido, cuando el cansancio y la desesperación me consumían. Hubo días en los que me pregunté si seguir valía la pena, si había algo más allá del dolor, si rendirme era la solución, si… podía seguir intentándolo. Pero Ethan... él nunca dejó de creer en mí. Durante dos años, luchamos juntos. Él me sostuvo en los días en los que no tenía fuerzas para levantarme, ni para ser yo misma. Me recordó quién era cuando la enfermedad intentaba borrar cada parte de mí,
EthanEl tiempo en la sala de espera no tenía sentido. No sabía si habían pasado minutos o una eternidad desde que me habían dicho que aguardara. Mi cabeza estaba baja, mis manos temblorosas descansaban sobre mis rodillas, y Blizzard estaba acurrucado a mis pies, como si también sintiera el peso de lo que estaba ocurriendo. Las luces blancas del hospital eran frías, impersonales, y el murmullo de conversaciones a mi alrededor se sentía como un ruido lejano, distante. Todo lo que podía pensar era en Alayna, en las horas que había pasado sin saber nada de ella. Cuando el médico finalmente apareció, lo vi acercarse con un paso firme pero contenido. Llevaba una bata blanca impecable, un bolígrafo en el bolsillo, y una expresión grave que no auguraba nada bueno. Me puse de pie de inmediato, con el corazón golpeando en mi pecho. —¿Ethan Graham? —preguntó el doctor con voz tranquila. —Sí. ¿Cómo está Alayna? ¿Qué le ha pasado? —Mis palabras salieron atropelladas, casi desesperadas. El mé
EthanEl bullicio era ensordecedor. Las risas, los brindis y el constante ir y venir de familiares llenaban cada rincón de la casa de mi tía Sofía. Podría haber sido un ambiente reconfortante, pero no lo era para mí. No hoy. El plan para este día siempre fue pasarlo con Alayna, pero todo había cambiado tanto que ya no era agradable.Este no era mi plan, así que no me sentía muy cómodo.Paula me arrastró por la casa como si fuera un trofeo que mostrar. Cada vez que veía a alguien que no había saludado, me empujaba hacia adelante con su entusiasmo contagioso, presentándome como si yo fuera una versión mejorada del Ethan Graham Taylor que todos conocían. —¡Mírenlo! Dos años fuera y vuelve más guapo que nunca, ¿no creen? —decía Paula mientras yo intentaba mantener una sonrisa educada. Había saludado a tantas personas que ya no podía seguirles la pista. Los primos, las tías, los tíos, incluso las parejas nuevas de algunos familiares que no recordaba haber conocido antes. Me encontré fre
AlaynaLlegué a casa con Blizzard corriendo delante de mí, su entusiasmo por estar de vuelta era casi contagioso. Me quité los zapatos en la entrada y encendí las luces, observando cómo todo el espacio se iluminaba con un brillo cálido y familiar. Había sido una noche increíble. La cena con los Graham había superado mis expectativas, y la calidez de su familia era algo que nunca habría imaginado experimentar. Su madre, Alice, era un encanto; su padre, Robert, divertido y amable, y Paula, un torbellino de energía. Todos ellos me hicieron sentir como si perteneciera a ese lugar, aunque solo por unas horas. Ethan me había dejado en casa después de despedirse con un beso suave y prometer que nos veríamos pronto. Los planes habían cambiado ligeramente: él pasaría Navidad con sus primos y tías en un gran almuerzo familiar, mientras que yo… bueno, le había dicho que iría a ver a mi padre. No era cierto. El plan inicial había sido volver a la cabaña, pero no quería interponerme entre Ethan





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