Ethan
El viaje a casa de mis padres fue tranquilo, pero mi mente no lo estuvo en ningún momento. Manejé despacio, asegurándome de que cada curva, cada frenada, no fuera lo suficientemente brusca como para marear a Alayna.
—Ethan, estoy bien —había dicho ella en un momento.
—Lo sé. Pero no hay prisa. —Intenté sonar relajado mientras enviaba un mensaje rápido a mi madre, explicándole que llegaríamos un poco más tarde de lo previsto, pero que estaríamos a tiempo para la cena.
—¿Estás nervioso? —