Cuando cruzamos el umbral de mi habitación, todavía me tambaleaba un poco, entre la ligereza del alcohol y el peso de la adrenalina. Ethan cerró la puerta detrás de nosotros con un movimiento lento, como si tuviera todo el tiempo del mundo, mientras yo respiraba profundamente, intentando convencerme de que era una buena idea. No, no intentándolo: sabiendo que lo era.
—Ethan—comencé, con una pequeña risa nerviosa—. Debería advertirte que esta es mi versión más desordenada.
Ethan me miró de reo