—A la de una, a la de dos, a la de ¡Ya! —Corro como una niña pequeña haciendo una travesura, por toda la habitación siendo perseguida por Daniela, quien logra atraparme cuando se cansa del juego y tira de mi pierna para que caiga al suelo.
—Listo, se acabó. —Dice, poniéndose en pie y dejándose caer sobre la cama.
—¿No que querías hacer algo diferente? —Indago.
Y es cierto. Él, al llegar la noche comenzó a decir que debíamos planear con claridad días de diversión diferente para ambos aunque no n