EDGARD
Abrí la puerta de la habitación lentamente, como dejándole a ella que saboreara su victoria. Cuando nuestros ojos se cruzaron los de ella, desprovistos ahora de las gafas, efectivamente me miraron con abierta victoria y con la seguridad que, según ella, tenía.
Yo dejé la expresión de mi cara quieta. El plan que tenía con ella fallaría si expresab