Se dio media vuelta para marcharse, no le interesaba lo que le sucediese a Laura. David no era un hombre amable, tras todos esos años viviendo con los Miller, descubrió en sí mismo un lado cruel.
Ignoró a Ruben que lo observaba con frialdad desde el umbral de la puerta; tampoco le importó que Pilar lo insultara, alternando sus ultrajes con llamados desesperados a su hija que aún no recuperaba la conciencia.
Cuando alcanzó el final de las escaleras, seguido por algunas empleadas, Pilar y el anci