Después de decirme la vieja que habían matado a Jadem, me quedé sin saber qué hacer, gritar o llorar, dado que hiciera lo que hiciera yo nada podía hacer ya por él. El primer cliente entró en el cuarto unos minutos más tarde, pero ni lo mire, mientras las lágrimas me caían despacio por mis mejillas, lo único que sentía era el movimiento que hacía el hombre al estar su miembro dentro de mí, escuchando como gruñía. El segundo cliente, no tardó en entrar, y pasó lo mismo, yo no era la puta que est