La inesperada lluvia volvió frío el ambiente, pero para nosotros solo fue la braza que nos encendió.
Sentir su cuerpo cálido y fuerte pegado al mío es la mejor sensación del mundo.
- Eres Mía, Gabriella- dice entre jadeos-. Dilo- gruñe con voz ronca antes de morder mi hombro.
- Soy... Tuya, Sebastián- digo entre jadeos. Agradezco que la casa quede sola para nosotros pues no paro de expresar mi gusto por lo que él hace. Esto es obra de él y al parecer le encanta hacerme gemir y jadear de placer.