44. Mi último voto de confianza
Llego a la empresa sonriendo como tonta, el simple hecho de que un hombre como Dario pierda su ego, se disculpe y allane mi hogar para hacerme entrar en razón me sube el ego, sin embargo, desconfío de las palabras de Darío, desconfío de lo que siente, de todo lo que tenga que ver con él; lo conocí hace meses y no hay un día de ellos en el que no haya actuado como un desgraciado sin corazón, no quiero volver a caer, me quiero negar a volver a ser su juguete, pero otro lado de mí quiere conocer e