Solo somos amigos

La música estaba tan alta que por fin pude dejar de escuchar mis pensamientos. La casa estaba atestada de gente y a quien primero vi cuando crucé el umbral, fue a Dylan.

- ¡Viniste! – gritó alegre por encima de la música con un vaso rojo en la mano, me lo tendió y pasó su brazo por mi cuello llevándome a donde supe que era la sala que estaba completamente vacía siendo la pista de baile.

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