—Lo tengo pensado. Esta es mi última oportunidad, debo aprovecharla. No soy imprudente, no voy sola sin pensar, por eso necesito tu ayuda. Sé que tienes muchos contactos y eres muy capaz.
Gabriel negó con la cabeza.
—Señorita Rodríguez, no me pongas en un pedestal. No quiero que la señorita Castro me mate, ella es una de mis mejores clientas, mi sustento. Pero te ayudaré sin cobrarte extra. Tu esposo, no, Hugo, es realmente un desgraciado.
—¡Gracias por tu apoyo!
—Me encargaré de los teléfonos y