—En ese momento, me di cuenta de que Juana no estaba bromeando. Estaba realmente en la entrada de nuestro fraccionamiento. Su amenaza era real. Si no hacía lo que ella quería, te contaría todo.
—Amor, en ese momento tu salud no era buena. No podía, ni debía, dejar que supieras esto. Además, no podía conseguir un préstamo de cinco millones del banco. Así que pensé en intentar apaciguar a Juana. Ella es una niña rica, puede tener al hombre que quiera. Supuse que se aburriría de mí y me dejaría en