—¿Solo por internet? —Sebastián frunció el ceño.
—Sí, no quiere reuniones presenciales —añadí, mientras recorría el breve mensaje. Se notaba que IQ era alguien que sabía lo que valía, la confianza en su tono rozaba la arrogancia.
—Está bien —dijo Sebastián, pensativo—. Pero necesitamos sus documentos de identidad y un currículum. No podemos trabajar a ciegas.
Sebastián me pasó uno de los vasos de agua que había traído, y yo lo acepté mientras asentía.
—Le escribiré de vuelta ahora mismo —dije, t