Un nombre vino a mi mente: Sebastián Cruz.
Un sentimiento de gratitud surgió en mi corazón.
Hugo no sospechó nada, asumiendo que algún estudiante de mi padre había venido, ya que, siendo un profesor tan querido, era común que gente viniera a rendirle homenaje.
Frente a la tumba de mis padres, Hugo fue el primero en arrodillarse, llorar y disculparse, admitiendo que me había fallado.
Incluso se giró hacia mí mientras estaba arrodillado.
—Cariño, hoy frente a tus padres, te suplico que me perdones