—¡Me equivoqué, Hugo! ¡Lo siento! No debí hablarte así. Por favor, te lo ruego, no me hagas más daño.
Juana, con su cuerpo cubierto de heridas, deseaba con todas sus fuerzas desmayarse de una vez por todas para escapar del dolor.
—Siempre quisiste saber quién fue el que entró en la habitación de Sofía en el Hotel Monterreal, ¿verdad? Pues ahora te lo voy a decir —dijo Hugo, inclinándose hacia ella.
—¡No, ya no quiero saberlo! —Juana, aterrorizada, se apartó todo lo que pudo, tratando en vano de