Cuando entré a la sala, vi que el saco negro y la corbata de Sebastián estaban colgados en el brazo del sofá. Él salió de la cocina con una botella de agua en la mano, desabotonando con destreza los dos primeros botones de su camisa. Un gesto tan simple, pero en él, resultaba tan atractivo que no pude evitar mirarlo un poco más.
Antes, solo tenía ojos para Hugo. Aunque la gente decía que Sebastián y Hugo estaban a la par, yo siempre pensé que Hugo, con su calidez y amabilidad, era mucho más perf