Hugo aplaudió.
—La verdad, aquella noche cuando te frotaste la cara, solo tenía sospechas. Después, tu actuación fue tan convincente que pensé que quizás me lo había imaginado. Siempre te había visto como una persona muy inocente, de pensamientos sencillos, bondadosa e ingenua.
Asentí ligeramente y le pregunté.
—Entonces, ¿qué pasó después? ¿Cómo descubriste que estaba fingiendo?
—Era fácil imaginar que al investigar la causa de la malformación y muerte de la bebé, sospecharías de la doctora que