Capítulo 29

Bendito el días que todo se torció pensé esa mañana para mí, al sentir el calor de los rayos de sol calentar mi mejilla, pero no deje que esa sensación abrumadora de pena se apoderara de mí. Sólo había algo que podía cambiar este estado de ánimo, me levanté corriendo, me vestí con mi ropa de deporte y me agarre el bolso con los patines, las llaves del auto y el folleto que guardaba en la mesita de Luz.

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