Capìtulo 4.9
Kisha.
Despertó en su habitaciòn, sintiendo una calidez en el pecho reconfortante. Jamás había pensado que la imagen de sus paredes le traería tanta satisfacción.
Observó a su alrededor, dándose cuenta del brazo varonil que le envolvía la cintura, ya se encontraba en casa, a salvo.
—¿Cómo estás?.
Se giró, clavando sus orbes adormilados en el rostro de Ignatiev. La herida le escoció ante el movimiento, sin embargo, no hubo expresión de dolor en su rostro.
—Mejor ahora que estamos en