Capìtulo 4.8
Kisha.
Su padre tenía contactos, una muy buena suma de dinero e inteligencia como para poder salir de un aprieto ileso.
Hacía dos horas había subido al avión, dejándola postrada en la camilla con un sinfín de máquinas monitoreandola. No le gustaba para nada.
Se dejaba hacer por el simple hecho de cuidar a sus hijos, su cuerpo sería su hogar por un largo tiempo, tenía que aprender a amarlo.
—¿Cómo estás?.
Rodó los ojos, clavando la mirada en el rostro de su padre. Era la cuarta vez