Ahora tenía tantas ganas de llegar a verlo. Amaba a este hombre.
—Con mucho gusto señorita. —Al decirlo Miguel pisó más el acelerador.
«Como voy a hacer para no enloquecerme por ti… no sé cómo hacer, para no amarte… para no pensarte a cada segundo… No sé cómo hacer para que mi corazón lata como antes. En esto me has convertido, Vida.»
Terminé de escuchar los mensajes, unos más largos que otros, entramos a Bogotá sobre las cinco de la tarde y Miguel llamó a Simón, por la ruta que tomó, íbamos p