Me acosté a dormir, puse el celular para despertarme a las cuatro de la madrugada. No he dormido nada, pasé llorando, tenía claro lo que debía de hacer. Al despertarme tomé una ducha, tomé ropa para hacer deporte, tenis cómodos, la chaqueta, tomé el bolso, manos libres, saqué varias cosas que le dejaría.
—¡D’Artagnan!
Di un par de palmadas a mi muslo para llamar a mi perro, tomé su cadena, se la puse.
» Hoy me acompañarás a trotar, y de paso ayúdame a despejar las dudas. —Ya tenía una decisión.