Media hora después, nos informaron que podíamos pasar de uno en uno. Por eso me quedé de último, luego se llevaron al niño, ya era el momento de aclarar un poco nuestra loca situación. Se encontraba despierta, muy maltratada, pero despierta. Nuestras miradas se conectaron, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No era así como imaginé este reencuentro.
Sonreí, negué. Me acosté a su lado en la amplia camilla, tenía un tutor en la clavícula y otro en la tibia y peroné de la pierna izquierda.
—Me dije