—No hijo, ahora llegarán mis otros bebés y debo rezar.
—¡Eha! ¡Papi!
Escucharlos, descontroló mi cordura, al girar, Sapillo entraba con mis dos hijos. Mi princesa estiraba los brazos al igual que Liam y como borrego enamorado corrí hacia ellos. Ya los tenía conmigo, ya volvían a estar en mis brazos. Sus bracitos rodearon mi cuello y no sabía que estaba sin alma hasta que los tuve aferrados a mí.
—Yo si dije, eran muy bonitos estos niños para ser hijos de Simón. —dijo Sapillo.
—¡Te escuché gonor