Tanner apartó su mano y le preguntó con calma: "¿Qué pasó?".
Sandy se quedó atónita, y luego una lágrima rodó por su mejilla, se veía muy delicada. "¿Me creerías?".
Tanner la miró.
Ella se incorporó dócilmente. "Fue... fue la Señorita Santiago. No quería que tuviera este bebé, así que envió a alguien para que me diera una paliza y provocar un aborto".
Tanner permaneció en silencio.
Sandy sollozaba. "Todo es mi culpa. No debí volver contigo. No debí soñar con convertirme en tu esposa. Mi po