A muchos actores jóvenes les costaba expresar sus emociones, lo que provocaba tomas graciosas en las que sus rasgos faciales no encajaban con la escena. Esto se debía a que, en su percepción, la tristeza era llorar y la felicidad era reír.
En cuanto a Xyla, tenía tanto control sobre sus lágrimas que podía llorar o no, dependiendo de la situación. No necesitaba gritar ni rugir histéricamente para expresar su tristeza, que era la forma más común de actuar.
El director estuvo de acuerdo con la in