Le desabrocho el cinturón con una lenta dedicación y él me mira hacia abajo con esa sonrisa de medio lado todavía en el rostro.
Tiene los ojos fijos en mi escote, así que presiono mi pecho aún más contra sus muslos; él suelta un gruñido de satisfacción y, sin decir palabra, le bajo los pantalones por completo, exponiendo sus poderosos muslos ante toda la sala.
Su polla está a medio endurecer, pero aun así tiene un tamaño que me hace tragar saliva.
El jefe tiene una polla jodidamente gorda; la f