Lo nuestro, entre Holiday y yo, sin embargo, era recién una relación de enamorados iniciando a conocerse. De a pocos, Holiday había empezado a gustarme. Era dulce, tierno, muy cariñoso pero bastante vehemente cuando me besaba. Y a él le gustaba embriagarse con mis labios, con el vino deífico de mis besos, no dejaba de estrujarme la boca apasionado y sus manos iban y venían por mis sinuosas carreteras, con idéntico ímpetu, conquistándome, rindiéndome y dejándome inerme frente a sus afanes.
P