CLARYSSA
Damian y su molesta persistencia en evitar mis preguntas e insistir en que entrenara me estaban enojando cada vez más. Arrastrarme medio kilómetros por el sendero no le estaba haciendo ningún favor, mucho menos mejorando mi impresión de él. Tampoco me estaba tomando muy bien su tono o la forma en que me hablaba. Ni siquiera iba a empezar con él insultando mi inteligencia. Esa fue la guinda del pastel de mierda en el que se había convertido mi noche.
—Déjame ir— exigí —No tienes mi perm