—¡Bang, bang, bang!
Mientras hablaba, Lucía golpeaba su cabeza duramente contra el suelo, y pronto comenzó a sangrar.
Juan frunció el ceño y tuvo que suavizar un poco su tono: —Está bien, levántate. Acepto tratar a tu padre, pero ahora tengo que ir a trabajar. Hablamos cuando termine mi jornada laboral.
—¡Sí, sí, sí!
Lucía muy ansiosa se levantó con lágrimas de alegría: —Gracias, doctor.
—Esta es mi información de contacto personal. Por favor, llámame cuando puedas y vendré de inmediato a buscar