Cuando Quirino terminó de hablar, todos los presentes quedaron completamente asombrados.
Abuela Abarca, pensando que había oído mal, preguntó: —Quirino, ¿qué fue lo que dijiste?
—Abuela, me han expulsado de la Orden del Dragón Celestial,— respondió Quirino con una sonrisa fingida, claramente incómodo.
—¿Cómo?
Abuela Abarca estuvo a punto de desmayarse, tan alterada que apenas podía contener su emoción: —¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo es posible?
Los rostros de los demás miembros de la familia Abar