En ese preciso momento, Feliciano ya no mostraba la arrogancia de antes; ahora solo sentía una profunda reverencia hacia Juan.
Todo porque Juan era un verdadero maestro de las artes marciales.
Juan sonrió con ligereza y dijo: —Feliciano, no es necesario que seas tan formal.
De repente, su mano se movió como un rayo y se posó en el hombro de Feliciano. Al principio, Feliciano se sorprendió muchísimo, pero enseguida sintió una cálida corriente de energía que fluía por completo en su cuerpo, sanand