Ante la mirada asombrada de todos, Luis levantó la mano y señaló al supuesto impostor: —¡El verdadero médico milagroso en realidad, es este caballero!
Al escuchar estas palabras, las piernas de los dos médicos se congelaron en el acto, justo cuando estaban a punto de arrodillarse. Se quedaron estupefactos al instante, con una expresión de absoluta sorpresa.
¿No habrán escuchado mal?
Luis, como si no notara sus expresiones, dio un paso hacia adelante y estrechó con firmeza la mano del médico, agr