Al escuchar que Juan conocía a esa persona, las decenas de personas presentes comenzaron a relajarse un poco, aunque aún con algo de cautela.
Cándido no pudo evitar preguntar:
—Entonces, ¿ustedes dos pertenecen a la misma tribu? ¿De verdad se encontraron aquí por casualidad?
—Así es, ¡qué coincidencia, verdad, Cándido! De verdad, tengo que agradecértelo. Si no me hubieras traído aquí, nunca habría vuelto a encontrarme con mi querido Abrahán —respondió entusiasmado Juan, manteniendo su actuación