Por un instante, mis cuatro papás se emocionaron tanto que casi no sabían qué hacer.
Sobre todo Castel. Estaba tan emocionado que parecía a punto de llorar.
—Antonia, tú también viniste. Qué bueno. No pensé que pudiera volver a verte en esta vida.
—No puedo creerlo.
Enrique avanzó a grandes pasos, con intención de abrazarnos a mamá y a mí.
—Las dos lograron volver. Ya que regresaron, no se vayan. Las extrañamos mucho.
Pero justo cuando estiró la mano, mamá le dio una bofetada sin dudarlo.
—¿Así