Justo cuando creí que por fin iba a ver a mamá, el sistema volvió a aparecer.
Dijo que había un pequeño fallo en el programa y que quizá tendría que esperar un poco antes de irme.
Asentí.
Mamá y yo llevábamos tantos años separadas que unos días más no importaban.
Así que, convertida en alma, observé la reacción de esos cuatro hombres.
Cuando Castel comprobó que yo no respiraba, se le aflojaron las piernas y cayó sentado al suelo.
Me sacudió. Su voz temblaba.
—Deja de actuar. Despierta.
Su reacci