Un relinchido furioso me saca de mi trance y abro los ojos, veo como uno de los caballos de Ares se acerca y me resopla en la cara.
—Basta… es hora de irnos.
Nos montamos en el caballo y nos vamos al bosque que nos dijo Calix.
El aire fresco me da sueño, pero evito cerrar los ojos. Ares al darse cuenta de que me estoy durmiendo, se pone a hablar conmigo de muchas cosas, menos mal que sus conversaciones son bastantes animadas.
Cae la noche y decidimos acampar en un claro. A la hora de dormir, p