—Dioses, Hades ¿Qué te paso? —
Pongo mi mano sobre su mejilla y le curo la herida al instante.
—Nada Minte, es un simple arañazo, nada de qué preocuparse—
Quita mi mano de su mejilla y se va, sin darle importancia que lleve mi morral colgando sobre mi espalda, me muerdo el labio con fuerza y esto me ayuda a seguir con mi decisión de irme del palacio.
Camino por los pasillos y para mi mala suerte me topo con Perséfone, que me mira con desagrado y asco.
—Oye ninfa, ¿A dónde ha ido Hades? Me quier