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Finalmente, transpirada, con el pecho subiendo y bajando a gran velocidad, y casi sin poder respirar, mis pies tocan el primer piso del edificio. Pero no me detengo un solo segundo, y con los labios levemente abiertos para tratar de pasar aire por ellos, sigo corriendo hasta cruzar el pequeño y estrecho pasillo de tan solo unos tres metros que separa el primer escalón de la puerta que me dejara en un pasillo del lobby.

No sé con exactitud cuánto tiempo me tarde en bajar veinte pisos corriendo p
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