Abril, 16
Damián Webster.
Finalmente llegue a Rusia después de dieciocho horas de vuelo. La hora está sobre la media noche, ellas han debido llegar hace tres o cuatro horas quizás. Fijo mi vista en la ventanilla del auto y por ella puedo ver como nos detenemos en uno de mis edificios.
—Dimas ha de estar esperándolo en recepción, señor.— me dice en ruso, Josep desde el asiento del piloto.
—Muy bien, Josep.— le respondo en su idioma.
El hombre de entre cuarenta o cincuenta años quizás, asiente y